El viernes el Santiago cumplió dos semanas. En apenas 15 días hemos visto muchos cambios: recuperó los doscientos gramos que perdió en la maternidad y agregó otros 200 para su curva de crecimiento, su piel intrauterina ya casi la cambió por completo, tiene una cara bastante menos congestionada, un color de piel que comienza lentamente a perder el tono rojizo, y una cabeza que está bastante menos puntiaguda que la que vimos el día de la expulsión.
El viernes 11 por la tarde, almorzamos la clásica sopa alrededor de las 14 horas…la Galia ya sentía algunas leves contracciones desde el miércoles anterior, día que había comenzado a desprenderse el tapón mucoso. Con estos dos signos, comprendimos que el parto podía ocurrir dentro de los próximos tres días.
La tarde del viernes, como había sido su costumbre durante el embarazo, la Galia se recostó unos minutos a descansar. Las contracciones eran cada vez mas cercanas e intensas. Cerca de las 16 horas salimos a buscar a la Andrea que llegaba desde el aeropuerto de Saint Exupery de Lyon al terminal de buses de Grenoble, pero las contracciones era tan intensas que impidieron que la Galia llegase al Terminal. Entretanto, llamamos a la maternidad para asegurarnos que podíamos partir al encuentro de Santiago. Allí las matronas nos dijeron que volviésemos a casa y que controlásemos el ritmo y pausa de las contracciones. Luego de un breve abrazo con la Andrea volvimos a paso de tortuga hacia el departamento.
Al principio del embarazo habíamos pensado llegar caminando a la maternidad. Durante los controles pudimos calcular que la maternidad se encontraba tan solo a 15 minutos del departamento. Pero ese día, las contracciones eran tan intensas que nos hicieron cambiar de opinión. Llamamos a Ramón, quien llegó a buscarnos en menos 15 minutos.
Tomamos nuestras mochilas y llegamos a la clínica a las 18:45. Subimos al segundo piso y llamamos a las matronas para que examinaran a la Galia. 10 minutos más tarde nos metieron en una sala de preparto. Resultado; cuello cerrado y a media distancia. Tuvimos una pequeña decepción porque imaginábamos que se trataba de un falso trabajo de parto y que debíamos volver a casa. Pero para estar bien seguros la matrona nos dijo que harían un monitoreo de las contracciones y de los latidos cardiacos de Santiago, durante los próximos 30 minutos. Entretanto, nos trajeron un supositorio y un paracetamol para aliviar el dolor de las contracciones. La Galia y yo pensábamos que habíamos partido demasiado temprano y que deberíamos haber esperado que las contracciones fuesen aun mas agudas e intensas.
A las 19:30 horas es el cambio de turno del personal de la maternidad. En reemplazo del equipo que nos recibió, llegó Carole, la matrona de turno, junto a Laureanne, una estudiante de matrona (digamos “enfermería mención matrona”) de ultimo año, quien ese día hacia su ultimo día de practica antes de titularse. Laureanne fue quien se hizo cargo de la parte práctica de todo el proceso de parto, bajo la estricta vigilancia de Carole. Al cabo de cuarenta minutos de monitoreo, llegaron estas nuevas matronas para revisar a la Galia.
La Carole le pidió a la Galia que le contara como se sentía. Pero la Galia casi no podía hablar. En ese minuto me acordé que la semana anterior, en la visita que hicimos a la maternidad, nos mostraron las salas de parto y las habitaciones. En esa oportunidad la Matrona, medio en serio medio en broma, nos dijo :
- cuando las contracciones les impidan hablar, recién ahí vengan a la clínica.
Sin embargo, cuando Laureanne hizo la segunda revision dijo:
- ”tengo un cuello abierto de entre 3 o 4 cm”.
Los cuatro nos pusimos super contentos y ella dijo:
- “deben quedarse, vamos a ver donde los ponemos”.
Pasadas las 20 horas nos llevaron a la habitación 128 (cuyas cifras sumadas hacen 11). Mientras yo vaciaba las mochilas, la Galia tomó una ducha caliente y se puso una camisa, en medio de dolores muy intensos. En eso subió la Florida quien nos dijo que nos daba coraje y fuerza porque el trabajo recién comenzaba. En teoría, una vez que el cuello esta a 3 o 4 cm, hay que contar una hora por cada cm de dilatación hasta llegar a 10. Eso significaba que aun faltaban 6 a 7 horas trabajo.
Yo notaba que la Galia esta hiper concentrada trabajando su respiración, con las técnicas aprehendidas en el curso de preparación al nacimiento. Unos días mas tarde la Galia me dijo que estaba en una suerte de trance conversando con el Santiago y pidiéndole que sea gentil, que estábamos preparados para recibirlo y que podía venir cuando el quisiera.
Unos minutos mas tarde, La Galia comenzó a sentir una presión muy intensa en la zona anterior del perineo. Era la cabeza del Santiago que con cada contracción hacia presión…la Galia sentía que el Santiago estaba a punto de salir, y en medio de algunos gritos me hizo llamar a las matronas. Ellas llegaron corriendo y se dieron cuenta que el cuello del útero estaba dilatado casi por completo. Una de ellas salio a preparar la sala de parto (la numero 3) y nosotros la seguimos caminando. Afuera estaba la Andrea quien nos vio irnos caminando por el pasillo. Yo sentía que mi corazón latía a mil por hora y que las cosas estaban yendo bastante mas rápido de lo que habíamos imaginado.
Una vez en la sala de parto, me quite las sandalias y la Galia quiso estar completamente desnuda. Allí estábamos nosotros dos, en medio de una pieza mas bien fria y a media luz. Estaban ademas, la Carole y Laureanne. Mas tarde se nos uniría una asistente que se ocuparía del Santiago.
Eran pasadas las 21 horas y las contracciones seguían muy cercanas e intensas…En ese minuto la Carole le dice a la Galia que tiene que decidir si llamábamos al anestesista, para que ponga la peridural, porque que luego seria demasiado tarde. Dijo además que el Santiago era un niño de las 23 horas, es decir que nacería dos horas mas tarde. Entonces la Galia, casi sin pensarlo, dijo que no quería ningún tipo de anestesia.
En la hora y media que siguió la Galia probó todas las posiciones posibles: caminaba de aquí para allá por la sala de parto, se puso en cuatro patas, se colgó de una barra, se recostó en la cama, se puso de medio lado, se apoyo en mis brazos, etc. El Santiago encajababa su cabeza a cada contracción y la Galia tenia ganas de pujar, pujar y pujar. La Carole, uso las buenas palabras para hacerle entender a la Galia que debía guardar fuerzas para la parte final del parto, que solo debía pujar una vez que el Santiago estuviese bien comprometido en el canal de parto.
Hasta allí, yo miraba el reloj mural cada dos minutos. Sentía que el tiempo estaba estacando, que el tiempo no avanzaba, como si el presente se hiciese presente en permanencia. Estaba ansioso, excitado, como fuera de mi cuerpo, tratando de estar presente, pero sintiendo medio inútil. El trabajo fuerte esta ocurriendo en el cuerpo y alma de ella y de él, en esa complicidad única entre madre e hijo. Yo esperaba mirarle a los ojos.
La fase de expulsión final duro alrededor de 30 minutos. La Galia estaba sentada en la cama. Yo estaba detrás de ella, tomándole las manos. Aurelienne estaba en cuclillas esperando al Santiago para girarlo una vez que sacase su cabeza. Carole, estaba alentando a la Galia, vigilando los movimientos de su compañera y observando atentamente los latidos cardiacos del Santiago. En medio de esa comunion, Carole dijo:
- Galia, espera que venga una contracción y junto con ella puja con todas tus fuerzas. La cabeza del Santiago esta aquí, la estamos viendo.
La Galia pidió que hablásemos bajo y comenzó a pujar durante media hora.30 minutos que la dejaron muy cansada y agotada. Al cabo de ese tiempo las matronas vieron que la frecuencia del ritmo cardiaco del Santiago comenzaba a bajar, entonces decidieron ayudarlo haciendo un pequeño corte para que pudiese salir más rápido. Dos segundos más tarde, exactamente a las 23:02 de la noche (17:02 hora chilena), la Galia y yo tomábamos a esta rata llamada Santiago, quien de un solo grito, nos decía que estaba por fin fuera de su burbuja. Lo pusimos sobre el pecho de la Galia y allí se quedó por cerca de dos horas, sintiendo el calor y olor de su madre, quien lo alimentaría casi inmediatamente.
Una vez que el cordón umbilical “dejo de latir”, las matronas pusieron unas pinzas. Me pasaron unas tijeras y di el corte que lo separaría definitivamente de la placenta que lo acogió por casi 40 semanas.
La noche anterior, el Santiago se despertó llorandoa las tres de la mañana. Pedía su teta que tanto aprecia. Antes de ponerlo contra su madre, medios dormidos empezamos a mudarlo sobre la cama. Lo sacamos de su cuna, desabrochamos su “pijama-pilucho” y pusimos un pañal sobre la sabana. Trajimos su pomada de aceite de oliva y cal; y unos algodones húmedos. Ya casi habíamos terminado cuando sin aviso nos dejó llenos de caca por todos lados. Digamos que el Santiago “goza de muy buena salud”.
El viernes 11 por la tarde, almorzamos la clásica sopa alrededor de las 14 horas…la Galia ya sentía algunas leves contracciones desde el miércoles anterior, día que había comenzado a desprenderse el tapón mucoso. Con estos dos signos, comprendimos que el parto podía ocurrir dentro de los próximos tres días.
La tarde del viernes, como había sido su costumbre durante el embarazo, la Galia se recostó unos minutos a descansar. Las contracciones eran cada vez mas cercanas e intensas. Cerca de las 16 horas salimos a buscar a la Andrea que llegaba desde el aeropuerto de Saint Exupery de Lyon al terminal de buses de Grenoble, pero las contracciones era tan intensas que impidieron que la Galia llegase al Terminal. Entretanto, llamamos a la maternidad para asegurarnos que podíamos partir al encuentro de Santiago. Allí las matronas nos dijeron que volviésemos a casa y que controlásemos el ritmo y pausa de las contracciones. Luego de un breve abrazo con la Andrea volvimos a paso de tortuga hacia el departamento.
Al principio del embarazo habíamos pensado llegar caminando a la maternidad. Durante los controles pudimos calcular que la maternidad se encontraba tan solo a 15 minutos del departamento. Pero ese día, las contracciones eran tan intensas que nos hicieron cambiar de opinión. Llamamos a Ramón, quien llegó a buscarnos en menos 15 minutos.
Tomamos nuestras mochilas y llegamos a la clínica a las 18:45. Subimos al segundo piso y llamamos a las matronas para que examinaran a la Galia. 10 minutos más tarde nos metieron en una sala de preparto. Resultado; cuello cerrado y a media distancia. Tuvimos una pequeña decepción porque imaginábamos que se trataba de un falso trabajo de parto y que debíamos volver a casa. Pero para estar bien seguros la matrona nos dijo que harían un monitoreo de las contracciones y de los latidos cardiacos de Santiago, durante los próximos 30 minutos. Entretanto, nos trajeron un supositorio y un paracetamol para aliviar el dolor de las contracciones. La Galia y yo pensábamos que habíamos partido demasiado temprano y que deberíamos haber esperado que las contracciones fuesen aun mas agudas e intensas.
A las 19:30 horas es el cambio de turno del personal de la maternidad. En reemplazo del equipo que nos recibió, llegó Carole, la matrona de turno, junto a Laureanne, una estudiante de matrona (digamos “enfermería mención matrona”) de ultimo año, quien ese día hacia su ultimo día de practica antes de titularse. Laureanne fue quien se hizo cargo de la parte práctica de todo el proceso de parto, bajo la estricta vigilancia de Carole. Al cabo de cuarenta minutos de monitoreo, llegaron estas nuevas matronas para revisar a la Galia.
La Carole le pidió a la Galia que le contara como se sentía. Pero la Galia casi no podía hablar. En ese minuto me acordé que la semana anterior, en la visita que hicimos a la maternidad, nos mostraron las salas de parto y las habitaciones. En esa oportunidad la Matrona, medio en serio medio en broma, nos dijo :
- cuando las contracciones les impidan hablar, recién ahí vengan a la clínica.
Sin embargo, cuando Laureanne hizo la segunda revision dijo:
- ”tengo un cuello abierto de entre 3 o 4 cm”.
Los cuatro nos pusimos super contentos y ella dijo:
- “deben quedarse, vamos a ver donde los ponemos”.
Pasadas las 20 horas nos llevaron a la habitación 128 (cuyas cifras sumadas hacen 11). Mientras yo vaciaba las mochilas, la Galia tomó una ducha caliente y se puso una camisa, en medio de dolores muy intensos. En eso subió la Florida quien nos dijo que nos daba coraje y fuerza porque el trabajo recién comenzaba. En teoría, una vez que el cuello esta a 3 o 4 cm, hay que contar una hora por cada cm de dilatación hasta llegar a 10. Eso significaba que aun faltaban 6 a 7 horas trabajo.
Yo notaba que la Galia esta hiper concentrada trabajando su respiración, con las técnicas aprehendidas en el curso de preparación al nacimiento. Unos días mas tarde la Galia me dijo que estaba en una suerte de trance conversando con el Santiago y pidiéndole que sea gentil, que estábamos preparados para recibirlo y que podía venir cuando el quisiera.
Unos minutos mas tarde, La Galia comenzó a sentir una presión muy intensa en la zona anterior del perineo. Era la cabeza del Santiago que con cada contracción hacia presión…la Galia sentía que el Santiago estaba a punto de salir, y en medio de algunos gritos me hizo llamar a las matronas. Ellas llegaron corriendo y se dieron cuenta que el cuello del útero estaba dilatado casi por completo. Una de ellas salio a preparar la sala de parto (la numero 3) y nosotros la seguimos caminando. Afuera estaba la Andrea quien nos vio irnos caminando por el pasillo. Yo sentía que mi corazón latía a mil por hora y que las cosas estaban yendo bastante mas rápido de lo que habíamos imaginado.
Una vez en la sala de parto, me quite las sandalias y la Galia quiso estar completamente desnuda. Allí estábamos nosotros dos, en medio de una pieza mas bien fria y a media luz. Estaban ademas, la Carole y Laureanne. Mas tarde se nos uniría una asistente que se ocuparía del Santiago.
Eran pasadas las 21 horas y las contracciones seguían muy cercanas e intensas…En ese minuto la Carole le dice a la Galia que tiene que decidir si llamábamos al anestesista, para que ponga la peridural, porque que luego seria demasiado tarde. Dijo además que el Santiago era un niño de las 23 horas, es decir que nacería dos horas mas tarde. Entonces la Galia, casi sin pensarlo, dijo que no quería ningún tipo de anestesia.
En la hora y media que siguió la Galia probó todas las posiciones posibles: caminaba de aquí para allá por la sala de parto, se puso en cuatro patas, se colgó de una barra, se recostó en la cama, se puso de medio lado, se apoyo en mis brazos, etc. El Santiago encajababa su cabeza a cada contracción y la Galia tenia ganas de pujar, pujar y pujar. La Carole, uso las buenas palabras para hacerle entender a la Galia que debía guardar fuerzas para la parte final del parto, que solo debía pujar una vez que el Santiago estuviese bien comprometido en el canal de parto.
Hasta allí, yo miraba el reloj mural cada dos minutos. Sentía que el tiempo estaba estacando, que el tiempo no avanzaba, como si el presente se hiciese presente en permanencia. Estaba ansioso, excitado, como fuera de mi cuerpo, tratando de estar presente, pero sintiendo medio inútil. El trabajo fuerte esta ocurriendo en el cuerpo y alma de ella y de él, en esa complicidad única entre madre e hijo. Yo esperaba mirarle a los ojos.
La fase de expulsión final duro alrededor de 30 minutos. La Galia estaba sentada en la cama. Yo estaba detrás de ella, tomándole las manos. Aurelienne estaba en cuclillas esperando al Santiago para girarlo una vez que sacase su cabeza. Carole, estaba alentando a la Galia, vigilando los movimientos de su compañera y observando atentamente los latidos cardiacos del Santiago. En medio de esa comunion, Carole dijo:
- Galia, espera que venga una contracción y junto con ella puja con todas tus fuerzas. La cabeza del Santiago esta aquí, la estamos viendo.
La Galia pidió que hablásemos bajo y comenzó a pujar durante media hora.30 minutos que la dejaron muy cansada y agotada. Al cabo de ese tiempo las matronas vieron que la frecuencia del ritmo cardiaco del Santiago comenzaba a bajar, entonces decidieron ayudarlo haciendo un pequeño corte para que pudiese salir más rápido. Dos segundos más tarde, exactamente a las 23:02 de la noche (17:02 hora chilena), la Galia y yo tomábamos a esta rata llamada Santiago, quien de un solo grito, nos decía que estaba por fin fuera de su burbuja. Lo pusimos sobre el pecho de la Galia y allí se quedó por cerca de dos horas, sintiendo el calor y olor de su madre, quien lo alimentaría casi inmediatamente.
Una vez que el cordón umbilical “dejo de latir”, las matronas pusieron unas pinzas. Me pasaron unas tijeras y di el corte que lo separaría definitivamente de la placenta que lo acogió por casi 40 semanas.
La noche anterior, el Santiago se despertó llorandoa las tres de la mañana. Pedía su teta que tanto aprecia. Antes de ponerlo contra su madre, medios dormidos empezamos a mudarlo sobre la cama. Lo sacamos de su cuna, desabrochamos su “pijama-pilucho” y pusimos un pañal sobre la sabana. Trajimos su pomada de aceite de oliva y cal; y unos algodones húmedos. Ya casi habíamos terminado cuando sin aviso nos dejó llenos de caca por todos lados. Digamos que el Santiago “goza de muy buena salud”.
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