lunes, 9 de agosto de 2010

El Transantiago con el Santiago

Casi todos los días cuando voy a buscar al Santiago al Akelae, él me pregunta: Papá? Yo le digo que hoy día no viene, entonces él me dice: bus? Y yo contesto si y comenzamos nuestro camino de regreso.

Primero bajamos el sendero de la Aguilas, vamos viendo abajo toda la ciudad de Santiago. Vamos escuchando los pajaritos, en medio de la montaña. Un poco más abajo el paradero de la micro, donde esperamos la D11. El Santiago reconoce de lejos la micro y se pone contento cuando se aproxima. Yo me entreno cada vez más en ser hábil y tomar al Santiago, sacar la tarjeta Bip bip, sentarme no tan lejos de la puerta, etc.

Por el camino el Santiago va mirando todo, cantamos bipbip! cuando la gente pasa sus tarjetas y claro el Santiago comienza toda su gama de gestos y expresiones de asombro por las cosas que ve dentro y fuera del bus.

Luego viene el transbordo, bajar, esperar la próxima micro y vuelta a lo mismo. Se sube el señor de los Super 8, el Santiago se inquieta y me dice: se no, que es: eso no (la situación de querer un Super 8 y saber que hay pocas posibilidades de que se lo compre). Y el sr. de los Super 8 se acerca tanto a nosotros que casi se le cae toda su mercadería sobre nosotros. Le hablo al Santiago del jugo que hay en la casa y él se pone contento y canta: ju, ju, ju!!!.

Pasa la gente, de todo tipo, estudiantes, jóvenes, señoras y atravesamos, vamos conociendo una parte de la ciudad con Santiago en el Transantiago.

Cuando el Santiago cree que ya no aguanta un rato más en la micro; magia! Ya estamos cerca de la casa. Casha; casa, me dice Santiago y me conduce hasta allá.

Abrimos la puerta y entra bailando y cantando casa, casa!. Uf! Es cierto, qué alivio, ya estamos en casa y así termina otro día de Transantiago con el chico.


lunes, 2 de agosto de 2010

Hojas en Akelae

Mis pasos se hunden en una espesa cama de hojas.

Solo hay pájaros cantando, todo está calmo.

Sigo andando y un vientecito de invierno me da en la cara.

Miro hacia abajo, la ciudad de Santiago de Chile. Aquí arriba, detrás de mí Santiago de mi corazón, por primera vez solo en la “Casa de los niños”.

Esta semana, Santiago comenzó su semana de adaptación en Akelae, un jardín infantil, que recibe a chiquitos como él.

Lo acompañé la primera semana, estuvimos allí viendo como hacían el pan, dando paseos por el jardín, viendo a los animales, cantando canciones. Estábamos juntos, pero también estaba previsto que poco a poco debíamos separarnos, dejarnos un poco.

A veces pienso en lo que me pasa el domingo por la tarde, pienso en esa sensación un poco aguda en la guata, es parecido a una pena de amor. Esa pena de uno mismo, de algo que te falta, de algo que se va.

Todavía no cambia mucho, todos los domingos por la noche sigo sintiendo esta pena de amor, este despegarse de a poco para que cada uno tenga su camino. El problema es que recién ahora que no estamos tan juntos, me doy cuenta de cuan cerquita estábamos. A veces pienso en esos chicles que están pegados bajo la mesa de hace siglos y luego se ponen duros y aunque intentes sacarlos va a quedar la marca, porque la verdad es más que pegados se trata de una aleación, los materiales nos están uno al lado del otro, más bien se mezclaron y dieron lugar a algo nuevo.

El Santiago sabe cuando va al Akelae y cuando no. Y cuando se cansa la Aileen le dice que la mama ya viene y luego llego yo, de la ciudad de abajo. Y voy pa’rriba y cruzo una parte de este Santiago y se me hace ligero y el corazón me late fuerte y el subir la montaña es como camino plano porque yo se que allá arriba, en la casita de los niños, en medio de la montaña esta mi Santiago que dice: mama! Cuando nos reencontramos en ese abrazo que no nos separa mas.

Te quiero mucho Santiago y dejarte es lejos una de las cosas que más me cuesta en esta vida, pero también quiero confiar, quiero dejarme llevar porque esta separación también es inevitable. Y porque adoro la fuerza de tus ojos, tu confianza interior para sonreírme, el movimiento seguro de tus pasos, la voz clara para decirme: tao mama!.

Me derrito por ti, mi dulce amor.

Tú mama.