Solo hay pájaros cantando, todo está calmo.
Sigo andando y un vientecito de invierno me da en la cara.
Miro hacia abajo, la ciudad de Santiago de Chile. Aquí arriba, detrás de mí Santiago de mi corazón, por primera vez solo en la “Casa de los niños”.
Esta semana, Santiago comenzó su semana de adaptación en Akelae, un jardín infantil, que recibe a chiquitos como él.
Lo acompañé la primera semana, estuvimos allí viendo como hacían el pan, dando paseos por el jardín, viendo a los animales, cantando canciones. Estábamos juntos, pero también estaba previsto que poco a poco debíamos separarnos, dejarnos un poco.
A veces pienso en lo que me pasa el domingo por la tarde, pienso en esa sensación un poco aguda en la guata, es parecido a una pena de amor. Esa pena de uno mismo, de algo que te falta, de algo que se va.
Todavía no cambia mucho, todos los domingos por la noche sigo sintiendo esta pena de amor, este despegarse de a poco para que cada uno tenga su camino. El problema es que recién ahora que no estamos tan juntos, me doy cuenta de cuan cerquita estábamos. A veces pienso en esos chicles que están pegados bajo la mesa de hace siglos y luego se ponen duros y aunque intentes sacarlos va a quedar la marca, porque la verdad es más que pegados se trata de una aleación, los materiales nos están uno al lado del otro, más bien se mezclaron y dieron lugar a algo nuevo.
El Santiago sabe cuando va al Akelae y cuando no. Y cuando se cansa la Aileen le dice que la mama ya viene y luego llego yo, de la ciudad de abajo. Y voy pa’rriba y cruzo una parte de este Santiago y se me hace ligero y el corazón me late fuerte y el subir la montaña es como camino plano porque yo se que allá arriba, en la casita de los niños, en medio de la montaña esta mi Santiago que dice: mama! Cuando nos reencontramos en ese abrazo que no nos separa mas.
Te quiero mucho Santiago y dejarte es lejos una de las cosas que más me cuesta en esta vida, pero también quiero confiar, quiero dejarme llevar porque esta separación también es inevitable. Y porque adoro la fuerza de tus ojos, tu confianza interior para sonreírme, el movimiento seguro de tus pasos, la voz clara para decirme: tao mama!.
Me derrito por ti, mi dulce amor.
Tú mama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario