Casi todos los días cuando voy a buscar al Santiago al Akelae, él me pregunta: Papá? Yo le digo que hoy día no viene, entonces él me dice: bus? Y yo contesto si y comenzamos nuestro camino de regreso.
Primero bajamos el sendero de la Aguilas, vamos viendo abajo toda la ciudad de Santiago. Vamos escuchando los pajaritos, en medio de la montaña. Un poco más abajo el paradero de la micro, donde esperamos la D11. El Santiago reconoce de lejos la micro y se pone contento cuando se aproxima. Yo me entreno cada vez más en ser hábil y tomar al Santiago, sacar la tarjeta Bip bip, sentarme no tan lejos de la puerta, etc.
Por el camino el Santiago va mirando todo, cantamos bipbip! cuando la gente pasa sus tarjetas y claro el Santiago comienza toda su gama de gestos y expresiones de asombro por las cosas que ve dentro y fuera del bus.
Luego viene el transbordo, bajar, esperar la próxima micro y vuelta a lo mismo. Se sube el señor de los Super 8, el Santiago se inquieta y me dice: se no, que es: eso no (la situación de querer un Super 8 y saber que hay pocas posibilidades de que se lo compre). Y el sr. de los Super 8 se acerca tanto a nosotros que casi se le cae toda su mercadería sobre nosotros. Le hablo al Santiago del jugo que hay en la casa y él se pone contento y canta: ju, ju, ju!!!.
Pasa la gente, de todo tipo, estudiantes, jóvenes, señoras y atravesamos, vamos conociendo una parte de la ciudad con Santiago en el Transantiago.
Cuando el Santiago cree que ya no aguanta un rato más en la micro; magia! Ya estamos cerca de la casa. Casha; casa, me dice Santiago y me conduce hasta allá.
Abrimos la puerta y entra bailando y cantando casa, casa!. Uf! Es cierto, qué alivio, ya estamos en casa y así termina otro día de Transantiago con el chico.
Primero bajamos el sendero de la Aguilas, vamos viendo abajo toda la ciudad de Santiago. Vamos escuchando los pajaritos, en medio de la montaña. Un poco más abajo el paradero de la micro, donde esperamos la D11. El Santiago reconoce de lejos la micro y se pone contento cuando se aproxima. Yo me entreno cada vez más en ser hábil y tomar al Santiago, sacar la tarjeta Bip bip, sentarme no tan lejos de la puerta, etc.
Por el camino el Santiago va mirando todo, cantamos bipbip! cuando la gente pasa sus tarjetas y claro el Santiago comienza toda su gama de gestos y expresiones de asombro por las cosas que ve dentro y fuera del bus.
Luego viene el transbordo, bajar, esperar la próxima micro y vuelta a lo mismo. Se sube el señor de los Super 8, el Santiago se inquieta y me dice: se no, que es: eso no (la situación de querer un Super 8 y saber que hay pocas posibilidades de que se lo compre). Y el sr. de los Super 8 se acerca tanto a nosotros que casi se le cae toda su mercadería sobre nosotros. Le hablo al Santiago del jugo que hay en la casa y él se pone contento y canta: ju, ju, ju!!!.
Pasa la gente, de todo tipo, estudiantes, jóvenes, señoras y atravesamos, vamos conociendo una parte de la ciudad con Santiago en el Transantiago.
Cuando el Santiago cree que ya no aguanta un rato más en la micro; magia! Ya estamos cerca de la casa. Casha; casa, me dice Santiago y me conduce hasta allá.
Abrimos la puerta y entra bailando y cantando casa, casa!. Uf! Es cierto, qué alivio, ya estamos en casa y así termina otro día de Transantiago con el chico.