Mia mama, muy gaaaaande! (mira mama, muy grande) me anuncia el Santiago en éxtasis por las olas del mar que vienen hacia nosotros.
El Santiago no da más de emoción, de adrenalina, mira el mar de lejos (le tiene mucho respeto) y se arranca antes de que el agua toque sus pies y después cuando esta tomado de mi mano o en brazos de su papa, la sensación de acercarse a esto tan grande que es el mar, supera cualquier otra cosa; gritos de júbilo, carcajadas, nervios.
Me mira y vuelve a decirme: muy gaande, pero con una cara de: no te das cuenta de cuan enorme es?. Tiene razón. Cuando estamos aca frente a este mar tan grande, me parece que la vida es un suspiro, que hay que estar alerta, saber donde estar parado para recibirla, no perder el tono, pero la cara del Santiago me dice también que junto a ello hay que tener pasión por esta vida, el arrojo de superar el miedo, vencerse cada vez, porque si bien hay que estar atento y cuidarse nunca hay que dejar de arriesgar y amar.
Y como si el mar supiera de esa alegría de vivir del Santiago deja que juguemos un rato en sus aguas gélidas. Tanto asi que después de un rato ya nos olvidamos del frio y corremos.
Y luego están las gaviotas y los bacos (barcos) un poco mas atrás. Y el sr de los cuchuflies…que felicidad el sr de los cuchuflis. Lo vemos y le decimos: caagello menga! (caballero venga!) y a veces nos tocan cuchuflies exquisitos y crocantes y otras unos bien latigudos, pero bueno estamos ahí, con el calor del sol, con la brisa fresca del mar, con arena por todas partes, con poca ropa acostados sobre la toalla, y nos damos abrazos y nos hacemos nanais y encontramos que por nada del mundo cambiaríamos estos días de verano donde nos extasiamos de sol, de mar y de vida.

El Santiago no da más de emoción, de adrenalina, mira el mar de lejos (le tiene mucho respeto) y se arranca antes de que el agua toque sus pies y después cuando esta tomado de mi mano o en brazos de su papa, la sensación de acercarse a esto tan grande que es el mar, supera cualquier otra cosa; gritos de júbilo, carcajadas, nervios.
Me mira y vuelve a decirme: muy gaande, pero con una cara de: no te das cuenta de cuan enorme es?. Tiene razón. Cuando estamos aca frente a este mar tan grande, me parece que la vida es un suspiro, que hay que estar alerta, saber donde estar parado para recibirla, no perder el tono, pero la cara del Santiago me dice también que junto a ello hay que tener pasión por esta vida, el arrojo de superar el miedo, vencerse cada vez, porque si bien hay que estar atento y cuidarse nunca hay que dejar de arriesgar y amar.
Y como si el mar supiera de esa alegría de vivir del Santiago deja que juguemos un rato en sus aguas gélidas. Tanto asi que después de un rato ya nos olvidamos del frio y corremos.
Y luego están las gaviotas y los bacos (barcos) un poco mas atrás. Y el sr de los cuchuflies…que felicidad el sr de los cuchuflis. Lo vemos y le decimos: caagello menga! (caballero venga!) y a veces nos tocan cuchuflies exquisitos y crocantes y otras unos bien latigudos, pero bueno estamos ahí, con el calor del sol, con la brisa fresca del mar, con arena por todas partes, con poca ropa acostados sobre la toalla, y nos damos abrazos y nos hacemos nanais y encontramos que por nada del mundo cambiaríamos estos días de verano donde nos extasiamos de sol, de mar y de vida.
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